Lecanemab and Beyond: Shifting from Pharma Hype to Real Neuroprotective Care

A little over a year ago, I wrote an article expressing my opinion about the drug donanemab; at that time it was being promoted as a “BREAKTHROUGH” in Alzheimer’s research, but the scientific data did not support such expectations. Today, Lecanemab (Leqembi) has been approved by the European Commission to treat early‑stage Alzheimer’s disease. However, this supposed “great news” for those who truly suffer from AD lacks the evidence and clinically significant results to justify its commercialization. Its authorization is restricted to patients with confirmed beta‑amyloid plaques and one or no copies of the ApoE ε4 gene (https://www.ema.europa.eu/en/news/meeting-highlights-committee-medicinal-products-human-use-chmp-11-14-november-2024), but the statistical results remain marginal: after 18 months of treatment, the average CDR‑SB score worsened by 1.21 points with lecanemab compared to 1.66 points with placebo, an absolute difference of only 0.45 points, equivalent to roughly a 27 % slowing of cognitive decline, yet clinically imperceptible (van Dyck CH, et al. NEJM 2023;388:9–21. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2212948).

Now I ask myself: if the scientific evidence does not strongly support the efficacy of lecanemab, and we have already broken down the core data that industry uses to hail its benefits, what conclusions do those results yield when evaluated objectively? Unfortunately, we once again see that business takes priority over patient welfare, offering a drug whose impact is, at best, negligible and that hardly improves the lives of those who receive it and their caregivers.

Nonetheless, this site is not intended solely to spread negative or discouraging news. In situations like this, we still have ample room to take action to safeguard our well‑being and reduce the risk of developing neurodegenerative diseases such as Alzheimer’s. Those already living with the disease can also benefit greatly by making changes to their routine: adopting healthy habits, engaging in activities adapted to their abilities, and embracing a truly multifactorial care approach.

I don’t live in a bubble: I know that both treatments like lecanemab and multifactorial intervention programs, which integrate personalized nutrition, tailored exercise, cognitive stimulation, psychosocial support, and more, entail a high economic and resource cost, as well as significant emotional strain for patients and caregivers. However, promoting healthy habits such as balanced nutrition, regular physical activity, and restorative sleep is not an empty mantra or a passing trend, but the cornerstone of a “neuroconscious” life that can genuinely optimize your quality of life and that of those around you.

In conclusion, always keep your critical spirit alive: verify information through rigorous sources and don’t take any claims you find online at face value.

—- Versión en español —-

Lecanemab y más allá: del bombo farmacéutico al cuidado neuroprotector real

Hace poco más de un año escribí un artículo donde expresaba mi opinión respecto al fármaco donanemab; en aquel entonces se promocionaba como un “BREAKTHROUGH” en la investigación del Alzheimer, pero los datos científicos no respaldaban tales expectativas. Hoy, Lecanemab (Leqembi) ha sido aprobado por la Comisión Europea para tratar las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, esta supuesta “gran noticia” para quienes realmente padecen los efectos de esta enfermedad, carece de la evidencia y de los resultados clínicos significativos que justifiquen su comercialización. Su autorización está restringida a pacientes con placas de beta amiloide confirmadas y con una o ninguna copia del gen ApoE ε4 (https://www.ema.europa.eu/en/news/meeting-highlights-committee-medicinal-products-human-use-chmp-11-14-november-2024), pero los resultados estadísticos siguen siendo marginales: tras 18 meses de tratamiento, la puntuación media en la escala CDR‑SB empeoró en 1,21 puntos con lecanemab frente a 1,66 puntos con placebo, lo que supone una diferencia absoluta de apenas 0,45 puntos, equivalente a alrededor de un 27 % de ralentización en el deterioro cognitivo, pero clínicamente imperceptible (van Dyck CH, et al. NEJM 2023;388:9–21. https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2212948).

Ahora me pregunto: si la evidencia científica no respalda de manera contundente la eficacia de Lecanemab , y ya hemos desglosado los datos fundamentales que la industria emplea para ensalzar sus beneficios, ¿qué conclusiones arrojan esos resultados cuando los evaluamos con objetividad? Lamentablemente, comprobamos una vez más que se prioriza el negocio sobre el bienestar de los pacientes, ofreciendo un fármaco cuyo impacto es, en el mejor de los casos, insignificante, y que difícilmente mejora la vida de quienes lo reciben y de quienes los cuidan.

No obstante, este sitio no está pensado únicamente para difundir noticias negativas o poco alentadoras. Frente a situaciones como esta, seguimos teniendo un amplio margen de acción para cuidar nuestro bienestar y disminuir el riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Quienes ya conviven con la enfermedad también pueden ganar mucho implementando cambios en su rutina: adoptar hábitos saludables, practicar actividades adaptadas a sus capacidades y apostar por un enfoque de cuidado verdaderamente multifactorial. 

No vivo en una burbuja: sé que tanto tratamientos como Lecanemab como los propios programas de intervención multifactoriales, que integran nutrición personalizada, ejercicio adaptado, estimulación cognitiva, apoyo psicosocial y demás, suponen un elevado coste económico y de recursos, además de un gran desgaste emocional para pacientes y cuidadores. Sin embargo, fomentar hábitos saludables como una alimentación equilibrada, la actividad física regular y un sueño reparador no es un mantra vacío ni una moda pasajera, sino el pilar de una vida “neuroconsciente” que realmente puede optimizar tu calidad de vida y la de quienes te rodean.

Para concluir, mantén siempre tu espíritu crítico: verifica la información en fuentes rigurosas y no des por sentada ninguna afirmación que encuentres en línea.

Imagen credit: Foto de Steven HWG en Unsplash